viernes, 17 de febrero de 2017

Enero de 2015.

Estás muy bonita cuando duermes,y me crezco casi a la altura de mi imaginación al intuir el día tras las persianas bajadas ,que se deciden a regalarnos unos minutos más de intimidad.
Creía que no sabía leer en braille hasta que acaricié tu espalda y entendí tu historia. Muchos arañazos.
Creeme si te digo que del amor espero mucho más de lo que hasta ahora haya podido dar yo.
Créeme cuando te digo que siempre espero y que ahora, sin saber muy bien en qué segundo me encuentro, me pierdo genial entre tus cicatrices.
Me pierdo genial esperando no encontrarme.
Y que conste que no se trata de esconderme entre tus susurros cuando estás al borde de ese infinito sueño que supone mirarte mientras lo haces.
Que conste que lo que intento es no perderme ni un solo detalle de cómo nos transportas a esa penumbra nocturna constante en la que ya no me da miedo la oscuridad.
Y se hace la luz.
Ya estás despierta.
Celesteregner.

viernes, 10 de febrero de 2017

Cre(d)o

Creo.
Te prometo que nunca he dejado de hacerlo,
por eso he llegado hasta aquí.
Hasta esta libertad relativa en la que no hay cadenas pero si muchos fantasmas de promesa que te empeñas en resucitar,
sin abrir la boca,
 sin mover un dedo.
Te son mas útiles sosteniendo el cigarro, me dices.
Creo, que te eché de menos.
Que no es de ahora, ni de hace un mes, ni seis.
Te eché de menos aquella última vez en mi portal,
cuando me juraste con la mirada que no volverías y lo sellaste con un abrazo.
Echo de menos a la sombra que nos acabó,
pero no a la luz que yo era en contrapartida y que se convirtió en charco de tanto llover sal por dentro y se hizo tormenta hasta que pudo salir el sol.
En definitiva no echo de menos a mi yo de aquellos entonces,
aunque si su ilusión por tus ausencias.
Sé que ya no eres el mismo.
Sé que ya no soy la mismas.
Las cosas ya no son iguales.
Tu presencia siempre me incitó a tirarme de cabeza hacia donde fuera.
Jodida suicida y kamikaze,
sobre todo kamikaze,
de la gran paradoja que es hacerlo sin tenerla.
Temblaba y me sentía viva.
Tenía miedo y por una vez no quería volar para huir a menos claro está que fuera contigo
y ahora, cariño,
ahora no sé por que no siento que vuelo.
El tiempo, lo sé,
que ha pasado más de la cuenta y aun así  no lo suficiente,
o es que quizás si que se nos fue la mano
y le agredimos con toda esta indiferencia, rencor y orgullo
y ganas de seguir buscando algo mejor.
Quiero verte y no.
Quiero y no quiero que desaparezcas.
Y si te imagino,
si te imagino fumando,
 siento que me elevo como el humo azul de tu cigarro
en cada calada que das,
y desde arriba me voy alejando, me voy perdiendo,
me voy difuminando,
hasta volver a encontrarme saliendo de mi boca
con cada calada mía que me robas
cuando juras que no quieres darme muerte,
pero cariño,
hasta ahora,
 sólo has sabido demostrarme lo contrario.
CelesteRegner.

martes, 15 de noviembre de 2016

Mis luces.

Papá decía : Miel y limón.
Abrazos de canela.
Susurros tibios.
Besos en la frente.
Miradas de ternura.
Chapetas encendidas.
Sudores fríos.
Frío en su calor.
Sábanas templadas.
Mamá decía : Leche y miel.
Madrugadas en vela.
Velas encendidas.
Ojitos apagados.
Lágrimas de fiebre.
Delirios de mimo y chocolate.
Calma disfrazada.
Pasillos infinitos.
Esperas tenues,  como la mañana, que siempre llega.
Miel,  leche y limón no,  que la leche y el limón se cortan.
Pero miel,  miel.  Siempre fue miel.
Mamá y papá mirando
hacia abajo en una sola dirección.
No era tan malo estar enfermo de niño,
si te agarran de la mano y te besan en la frente
a la vez,
dos personas que una vez fueron una,
y que en su debilidad retornan
para ser tu
fortaleza.
Miel, miel.  Siempre fue miel.

martes, 19 de julio de 2016

Me debato entre 
el calor
o el fuego
sin término medio. 

No contemplo 
que el calor provenga del fuego 
ni que el fuego me arrope con su calor
sin arder, 
y por ende,
sin consumirme.

No quiero consumirme. 
A veces creo que si,
pero sólo es cansancio;
cansancio de que las cosas que quiero
no vayan como quiero que vayan.

Siento el pecho denso
y eso me hace contemplar 
una libertad cada vez 
más lejana.
Sin saber de dóndes, cómos, cuándos ni por qués.

Siento el pecho denso
como nubes grises 
y lluevo. 
Lluevo sal. 
Ni siquiera tormenta. 
Si por lo menos truenos. 
Si por lo menos rayos. 
Si por lo menos luz, 
a instantes.
Si por lo menos...
Pero por nada. 


El pecho denso y encapotado,
a veces cálido y pegajoso
como en aquellas tormentas de verano, 
en las que ni siquiera truenos, 
ni siquiera rayos. 


Y espero el fuego 
del árbol perdido en mitad de 
ninguna parte,
que supo encenderse en rayos
en mitad de su propia tormenta.

sábado, 9 de julio de 2016

Campos de tomate.

El calor huele a tomate y humedad, 
a sudor evaporado,
a agua clara y cloro de jardín, recién cortado.
Y recuerdo aquellas tardes en las que escapar siempre era la mejor opción cuando el sol se rendía, 
e íbamos buscando hasta el último ápice de luz. 
Lo esquivábamos todo. 
Las piedras, joder. Las piedras, que se iban haciendo más pequeñas a través de unos pies cada vez más ágiles, cada vez más rapidos, cada vez más insaciables.
La brisa templada
y su chillido en los oídos. 
Ahora sé que en aquellos  momentos éramos libres, porque por mucho que lo creyéramos 
no teníamos miedo.
Sólo un atardecer inmenso sobre los campos de tomate
y un laberinto de arena gris, más naranja a cada instante. 
Es curioso, 
como a veces, 
aquellos momentos que creímos tan horribles en el pasado han resultado ser los mejores en un futuro,
y ya no queda mas remedio que pensar que el presente está loco.
Así que si,
que qué relativo ha resultado ser el tiempo,
y que caprichosa la vida.

jueves, 9 de julio de 2015

Hay que saber dónde encontrarla.

Uno de los primeros fines de semana que salí en Sevilla, una chica rubia, puesta hasta las cejas, nos dijo a una amiga y a mi en la puerta de unos baños que Sevilla tenía magia, que sólo había que saber dónde encontrarla.
Esa frase se  nos quedó grabada  a fuego en la mente. La frase y la ronda de tequila que nos invitó por perder su apuesta de mear en menos de 5 segundos.
Ahí ya supongo que empezó un poco el hechizo y la magia.
Después de eso empezaron a llegar las casualidades. Las conversaciones en el balcón hasta las tantas, los "cumpleaños feliz" cantados a pleno pulmón por medio barrio del Juncal, las amenazas de denuncia como mejor regalo...
Llegaron mil soles espléndidos y el primer concierto en Pumarejo, y la vuelta a casa perdidos en lo que ahora es mi rincón favorito de Sevilla, una plaza perdida en mitad de ninguna parte.
Las tortillas enteras con rodajas de tomate para darle glamour, los primeros exámenes aprobados, la confianza en el piso, la primera discusión gorda, el calor en casa, porque era una auténtica casa...
Llegó ese día en el que no podía parar de llorar porque cumplía 18 y los míos no estaban, para al final darme cuenta de que había conocido a otros "míos" nuevos, y que no había perdido a nadie, que los de verdad siempre están.
Llegaron las sorpresas. Las peleas. Los "leoparda" y los "machista" sentada en la barra del bar a un camarero por pedir a las tías que se quitaran la camiseta por una copa gratis.
Llegó el no saber cómo habíamos conseguido llegar a casa sin que el taxista me echara del coche, y cómo conservar la dignidad hasta el último momento. Mis hermanas saben de lo que hablo.
Llegó con dos entradas para ver a mi cantante favorita y poco más hay que decir de alguien que no se considera detallista.
Llegó el calor en pleno invierno. Y una canción en diciembre que rezaba Octubre a dos centímetros, y que tardará en irse de mi cabeza.
Los exámenes del primer cuatrimestre superados. Tiempo. Tiempo para pensar y darse cuenta de que el tiempo se acaba.
Tiempo para temer perder algo que temes perder, valga la redundancia y la estupidez.
Cervezas en el Berlin. Muchos besos de cerveza, historias y una imagen constante en la que no paro de reír y de enfadarme. No si se alternativa o simultáneamente. Ya da igual.
Volver a las 4 de la mañana a casa  en la parte de atrás de un Sevici y amanecer con música, como quien sigue en un sueño.
El no poder más. Los profesores que no te inspiran confianza, las asignaturas que no avanzan, las ganas que ya no son las que eran. Un "No saber qué va a pasar" constante. Un "Me voy" tres días antes de irse. un "joder, vaya asco".
No poder parar de mirarle y pensar "bésale todo lo que puedas antes de que ya no puedas seguir haciéndolo".
Cansancio de no tener suficientes noticias. Cansancio de un "mucho" disfrazado de "nada". Cansancio del cansancio. Ganas de tener ganas.
Llegó la familia. La tranquilidad. El echar de menos por saber que vas a echar de menos...
Una mala noticia. Ella llorando. Era un jueves y todo parecía ir en contra. La gente con la que se suponía que íbamos a salir nos dejó tiradas, el calentador no iba y había helado de chocolate en su nevera.
Entonces nos desnudamos y fuimos buscando duchas libres por toda su residencia.
Acabamos en el baño de las americanas de abajo. Todo oliendo a humedad y el agua fría. Era abril y nos daba exactamente igual. Y salimos.
Salimos esa noche y del paso. Conocí al chico de mis sueños que terminó por protagonizar unas cuantas pesadillas en las que decía que no volvería jamás, y me lo creo.
Llegaron las fiestas, el descontrol, los "me da igual", "me la suda", "no quiero pensar".
Llegaron por casualidad muchísimas más casualidades. Llegaron muchos más fracasos, muchos más triunfos, muchos más plantones, muchos más sentirme sola, muchos más sentirme acompañada conmigo misma. Muchos más quererme y odiarme yo, a mi, me, conmigo.
Y los paseos por el río se repitieron una vez más, y me alegro. De verdad que me alegro.
Y ya no sé qué más contar. Ha sido un pedazo de primer año porque he aprendido todo lo que no esperaba aprender. Y a base de bien.
Y esto no es nada. Creo que no me paro más para que no empiece a doler.
Ha sido demasiado bonito para que acabe doliendo.
Gracias.

martes, 6 de enero de 2015

Autodescripción.

Mirad, soy una persona que se sorprende con poco. Soy despistada, me cuesta mucho darme cuenta de las cosas, e incluso cuando cometo un error y rectifico, no asegura eso que no lo pueda volver a cometer. Soy así. Me equivoco a menudo y a lo grande. Lo sé y claro que me importa,y por supuesto que me gustaría hacer cosas por arreglarlo, pero todavía no sé hasta qué punto es eso posible.
Nunca me aclaro, me contradigo, me escondo detrás de lo relativo y me pierdo en espirales de ideas por no querer aferrarme a una sola, porque sé muy en el fondo que la razón no puede estar en una sola respuesta. O si. Pero tampoco me atrevería yo a conformarme con eso.
Soy inconformista, caprichosa, en ocasiones egoísta y cuando estoy dolida no controlo bien mis actos. Siempre me guío por lo que siento antes que por lo que pienso porque no me fio mucho de lo segundo. Y ya está.
Un día iba paseando por un pueblecito andaluz precioso y me encontré una auténtica obra de arte al lado de una fuente. Un pequeño azulejo que rezaba: 'Deja el agua correr'. Deja que todo fluya, natural aunque imperfecto. El mundo sigue girando y la vida no se acaba, todo sigue. Deja el agua correr, corre como el agua, y déjate