viernes, 10 de febrero de 2017

Un adiós que no quiere dejar de llamarse serendipia.

Creo.
Te prometo que nunca he dejado de hacerlo,
por eso he llegado hasta aquí.
Hasta esta libertad relativa en la que no hay cadenas pero si muchos fantasmas de promesa que te empeñas en resucitar,
sin abrir la boca,
 sin mover un dedo.
Te son mas útiles sosteniendo el cigarro, me dices.
Creo, que te eché de menos.
Que no es de ahora, ni de hace un mes, ni seis.
Te eché de menos aquella última vez en mi portal,
cuando me juraste con la mirada que no volverías y lo sellaste con un abrazo.
Echo de menos a la sombra que nos acabó,
pero no a la luz que yo era en contrapartida y que se convirtió en charco de tanto llover sal por dentro y se hizo tormenta hasta que pudo salir el sol.
En definitiva no echo de menos a mi yo de aquellos entonces,
aunque si su ilusión por tus ausencias.
Sé que ya no eres el mismo.
Sé que ya no soy la mismas.
Las cosas ya no son iguales.
Tu presencia siempre me incitó a tirarme de cabeza hacia donde fuera.
Jodida suicida y kamikaze,
sobre todo kamikaze,
de la gran paradoja que es hacerlo sin tenerla.
Temblaba y me sentía viva.
Tenía miedo y por una vez no quería volar para huir a menos claro está que fuera contigo
y ahora, cariño,
ahora no sé por que no siento que vuelo.
El tiempo, lo sé,
que ha pasado más de la cuenta y aun así  no lo suficiente,
o es que quizás si que se nos fue la mano
y le agredimos con toda esta indiferencia, rencor y orgullo
y ganas de seguir buscando algo mejor.
Quiero verte y no.
Quiero y no quiero que desaparezcas.
Y si te imagino,
si te imagino fumando,
 siento que me elevo como el humo azul de tu cigarro
en cada calada que das,
y desde arriba me voy alejando, me voy perdiendo,
me voy difuminando,
hasta volver a encontrarme saliendo de mi boca
con cada calada mía que me robas
cuando juras que no quieres darme muerte,
pero cariño,
hasta ahora,
 sólo has sabido demostrarme lo contrario.
CelesteRegner.

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