sábado, 3 de junio de 2017

Prisión incierta.

La risa contagiosa del sol en primavera.
El rayo de luna más claro en la noche.
Rocío de cerveza en los atardeceres de tus piernas
cuando te abandonas a tu suerte en el laberinto recto
de tu propia libertad.

La piedra que salta entre las baldosas
cuando tu pie amanece despistado
y te obliga a jugar a rayuela marcando
a pasitos
la dirección que no quieres seguir pensando;
ya has pasado de largo.
Que siendo derecha o izquierda
siempre te impulsa hacia arriba,
y ya da igual que no haya oxígeno
porque tú vives del paisaje.

La miel del paseo cálido,
caminas lento.
Caricias de piel dorada,
no duermes ni en el intento,
pero sueñas.

Vueltas de azahar entre los jazmines
respiras beso.
Aire limpio se columna en tus pestañas,
toboganes inciertos.

Salta a tu boca el viento y se arropa en tus secretos,
los de canela y menta,
pero nunca más veneno.

Regresas al día lleno, ya no hay noche encerrada
y de ser vacía, el miedo
no te evade de tus ganas.

Que en tu prisión las rejas eran de ausencia y las noches
siempre vuelven a la carga.

Tu munición es la luz.

Ya eres libre. Estás preparada.

lunes, 22 de mayo de 2017

Estoy y no soy.

Me quedo con el hilo de las historias que me dejan fría para así, cuando vayan pasando, tejerme un abrigo con el recuerdo.
Me arropo con la nostalgia y amarrada al minimalismo intento ahorrarme los adornos de melancolía y tristeza. Pero a veces se me cruzan los cables y los dedos
y los consejos de quien me enseñó a aprender de los demás en lugar de desaprender lo que no necesitaba para así crecer, yo por mi, conmigo.
Sólo quiero decir que a veces me siento sola y tengo frío. Pero saco el abrigo de la experiencia, que me susurra que no todo estuvo mal. Saco el abrigo de los recuerdos y me revive la poesía amiga de los besos en la frente y los abrazos por la espalda. Me olvido de los cuchillos de indiferencia. Vuelvo a sentirme yo. Me lanzo de nuevo al frío. Sigo tejiendo la vida.

miércoles, 10 de mayo de 2017

No me hagáis mucho caso.

No os creáis eso de que el tiempo pone cada cosa en su sitio. Que no es definitivo, ni seguro ni ostias. No os creáis eso de que la vida es justa o injusta de esa forma tan tajante, que no.
No digáis "de este agua no beberé" o "este cura no es mi padre". Nunca se sabe.
Que hace tiempo que le perdí el sentido al tiempo.
 Que hace tiempo que no entiendo lo que vivo y sigo por lo que aún no sé si puedo llegar a vivir.
Que hace tiempo que asumo lo justo cuando no me conviene como si fuera un castigo y me alegro de las injusticias que me empeño en llamar suerte cuando no la merezco.
Hace tiempo que no entiendo nada cuando intento hacer las cosas bien, y cambio el camino recto por una Rayuela pintada en dirección a ninguna parte, con tizas color circunstancias que ya no importan porque nunca debieron ser una excusa, sino una consecuencia de mis propias decisiones.
Hace tiempo que le perdí la noción al tiempo, y no sé qué mierda de imán jodió aquella brújula que nunca intenté arreglar, al menos  a conciencia. Que siempre preferí perderme para probar suerte con lo que me encontraba.
Al final soy una cobarde que sólo sabe ser fiel a lo relativo.
Y a veces ni eso.
Estoy intentando hacer las paces con la incertidumbre. Me abraza con cariño, pero a veces me susurra secretos que me quitan el sueño. No lo puede evitar, ni yo tampoco.
Hace tiempo que perdí la noción y me siento segura en un "no lo sé" y ya. Por ahora eso es todo hasta nuevo aviso.

martes, 18 de abril de 2017

Aves de paso.

He abierto el pecho de par en par
 y han salido todos los fantasmas de promesa,
 el polvo de mi cabeza
 y las ganitas de llorar.

Ha volado todo con la brisa de la palabras que acabé por escribirte.
 Que he acabado por leerte,
 porque era obvio que me perdería hasta en el sinsentido de las letras
 con tal de encontrarte en la ingenuidad de mis palabras.

He abierto el pecho de par en par
 y lo que en principio ha depurado este cuerpo,
 ha acabado por vaciarlo.

Chantajes literarios, en sentido emocional.
En el libro abierto por las páginas en blanco ya no sé quién resultó ser ave de paso.
Sólo sé que a cambio de mis espinas me has devuelto una herida de la que no querías ser disparo,
y me lo has dado de lleno en el centro de gravedad,
escondido de nuevo en la ajenidad en la que me empeño en encerrarme.
Y mentimos. Porque nunca fue tu intención.

Me siento ridícula
Como cuando desnuda me cuento las cicatrices cuando no hay quien quiera seguir contándome los lunares.

Me siento ridícula  porque era obvio que el amor siempre gana
Y tú y yo estábamos destinados a perder desde que tu historia y la mía seguían la misma dirección por caminos separados.
El agua vuelve al agua,
y este río de circunstancias no sabe  por donde correr.
Le cedo mis ojos.

Me siento ridícula y quiero irme.
 Pero me frena el inconfundible sabor a despedida.

Recuerdo las palabras cercanas de quién me dijo una vez que aprender a despedirse es crecer.
Y me siento tan pequeñita que me he visto en la necesidad de acariciarte el pelo hasta que no hemos podido más.

"Tenías que ir tirando".

Te has marchado.

Me he lanzado al sofá verde de cabeza; ese que no volverá a ser nunca tan acogedor como tus ojos aquella tarde de enero.

"El amor siempre gana" me he dicho. Y he sonreído, tranquila,
al volver a sentirme ajena.

He respirado empatía con sabor a rosas.
 Estoy conforme.

Encima de mi mesa, frente al sofá he encontrado una nota mía.
Se ha escapado de tu rojo favorito.
Rezaba: "Hay veces en las que me tiembla la vida y no sé dónde agarrarme".
El amor siempre gana.
Y me he echado a temblar.
-CelesteRegner

sábado, 25 de marzo de 2017

Llego tarde.

A veces creo que adoras mi tristeza,
Esa mirada furtiva a ninguna parte
que incita ausencias.
que implica seriedad,
eso que tú tanto ansías cuando no sabes cómo desintegrarte en risa,
cuando no te sientes parte de
por miedo a.
"Te da un toque de misterio" me dices.
Me sabe a amenaza.

Se accionan los cuchillos si se curvan sus labios.
y apuntan de lleno al pecho.
Al pequeño pechito que tantas noches le arropó al llorar.
Ese que respira a destiempo cuando se le derrama la vida y no sabe ya en qué frasco meter los restos.
Se le deshacen las ganas entre las manos mientras se escapan los suspiros de azúcar morena.

Tráeme canela en rama para que me sujete.
Que hoy me siento equilibrista
Del sintiendo que supone
Seguir consintiéndote mi tristeza.
Ya no más.
Sonrío.
Se accionan el mecanismo que me hará libre.
-CelesteRegner

domingo, 19 de marzo de 2017

Trenes.

Ya he dicho adiós, y es curiosa tanta seguridad, porque suena bastante a "hasta luego".
Le he dicho a mamá toda mi verdad mientras la abrazaba. Confío plenamente en que haya sabido entender todo lo que nunca podré decirle con palabras.
Tengo calor. Sé que no es sólo por la temperatura.
He enfrentado al veneno sin la necesidad de buscar antídoto. Me he dejado atacar, en vano, y no para mi, obviamente. Dejarse atacar no implica dejarse ganar.
Supongo que no soy la única que sabe armarse de valor cuando la luchan con cobardía.
También he charlado con el silencio en lo que duran dos cervezas y media. ¿Que cómo? Con paciencia y pausas largas, de las de mirar al infinito fingiendo pensar en algo no lo suficientemente importante.
Le he dicho a mi fuerza que sea fuerte. Que luche. Que los futuros se forjan en presente y dejando al pasado descansar en su sitio, el tiempo que ya no vuelve. Y que conste que no significa no echar de menos, que joder, que extremistamente crueles podemos llegar a ser con nosotros mismos.
En un viaje infinitamente corto he llegado a la estación, viva, como siempre me siento antes de cruzar las vías.
Un chico se despedía de su padre en la puerta del tercer vagón, el mío.
"Ah, y feliz día del padre". Me ha sabido a reconciliación, creo saber por qué. No he podido evitar sonreír. El papá me ha devuelto la ilusión con una mirada cómplice.
El chico se ha sentado a mi lado. De hecho, está viendo como escribo desde el otro lado del pasillo.
Son las 14:57; mi tren está a punto de salir. Me siento optimista.
Una abeja ha entrado en el vagón, ha revoloteado por encima y ha pasado de largo.
Ya no hay peligro de veneno.
Estoy tranquila.
Son las 15:00 y empieza el viaje.
Son las mismas vías, tren y trayecto. Pero yo no me siento la misma.
Ya he dicho adiós.
Estoy a punto de gritar ¡Hola!

martes, 14 de marzo de 2017

Le vi triste.

"Hay días que van a la nada", y ni siquiera cabe preguntarse si es que  habían salido de algún sitio.
Hay días que van a la nada y te sumergen en la triste paradoja de sentirte lleno de vacío.
Y te das cuenta de que precisamente eso era lo que querías evitar y ni queriendo has podido. También cuestionas ese "querer", porque siempre te lo cuestionas todo. Más en noches como ésta, en las que prefieres sentirte lleno de nada que vacío del todo.
Te pones a escribir. Sé que lo haces. Porque si. Porque sabes que hay algo que no está bien y que, aunque podrías reconocerlo, no sabes definirlo. Ya lo decía Piglia, escribir es más necesidad y hábito que intención.
Hay días que van tan a la nada que te entran ganas de reír por lo absurdo que supone que ya no tenga mucho remedio. Me explico. Estás escribiendo desde el final de las horas. Dedicas las últimas a esto. No sé aún sin con la esperanza de encontrarte en el reflejo de todo ese desorden de palabras en tu cabeza, expresado a través de las letras que torpemente vas rogándole al cansancio.
Creo que te va a funcionar. Vas a poder tachar esto de tu lista de "cosas que hacer": Encontrar el sentido para empezar el día siguiente.
Tú, tú, siempre eres tú.

miércoles, 1 de marzo de 2017

A flote.

Cuando era niña aprendí antes a bucear que a nadar. Aprendí antes a bucear para no ahogarme que a nadar para no hundirme. Y me parece curioso que la niña con la que pasé mis primeros veranos de buceo se llamara Clara.
Llegado un punto, mi padre, imagino que mosqueado por no haberme llevado a las clases de natación en igualdad de condiciones con mi hermano mayor, decidió enseñarme a hacerlo.
Una tarde, en el agua,  me enseñó cómo podía flotar boca arriba y yo me quedé embobada.
Lo primero que me dijo fue que cuando sintiera que me fuera a hundir, cogiera aire, que llenara los pulmones. -Mi niña, si el pecho está lleno, no te hundes. Tienes que respirar e inflar el pecho. El resto es saber mantener la respiración.
Y así fue.
Antes de aprender a nadar me enseñaron a no hundirme. Siempre me ha sabido un poco a libertad.
Hoy,  aplicado a mi día a día, la dinámica parece que se repite. Voy manteniendo la respiración.  Hay veces en las que siento que me ahogo. Entonces recuerdo las palabras de mi padre y pienso, cojo aire y lleno los pulmones. Me mantengo a flote. Me mantengo.
Otras veces, simplemente  sigo en el agua, sumergida en la normalidad que supone ir abriéndose paso entre las olas.
Hay veces en las que pasan cosas buenas y no sé cómo gestionarlo por dentro. Simplemente siento el pecho lleno y creo que voy a explotar. Entonces recuerdo esa primera clase de natación con mi padre. Recuerdo el pecho lleno de aire y cómo me mantenía a flote fuera del agua. Recuerdo la inquietud y la ilusión. Recuerdo la libertad.
Hay veces en las que pasan cosas buenas y siento como se va llenando mi pecho de aire. Respiro hondo, y noto como vuelvo a emerger.
Emerger, eso tiene que ser un poco la felicidad.


viernes, 17 de febrero de 2017

Enero de 2015.

Estás muy bonita cuando duermes,y me crezco casi a la altura de mi imaginación al intuir el día tras las persianas bajadas ,que se deciden a regalarnos unos minutos más de intimidad.
Creía que no sabía leer en braille hasta que acaricié tu espalda y entendí tu historia. Muchos arañazos.
Creeme si te digo que del amor espero mucho más de lo que hasta ahora haya podido dar yo.
Créeme cuando te digo que siempre espero y que ahora, sin saber muy bien en qué segundo me encuentro, me pierdo genial entre tus cicatrices.
Me pierdo genial esperando no encontrarme.
Y que conste que no se trata de esconderme entre tus susurros cuando estás al borde de ese infinito sueño que supone mirarte mientras lo haces.
Que conste que lo que intento es no perderme ni un solo detalle de cómo nos transportas a esa penumbra nocturna constante en la que ya no me da miedo la oscuridad.
Y se hace la luz.
Ya estás despierta.
Celesteregner.

viernes, 10 de febrero de 2017

Un adiós que no quiere dejar de llamarse serendipia.

Creo.
Te prometo que nunca he dejado de hacerlo,
por eso he llegado hasta aquí.
Hasta esta libertad relativa en la que no hay cadenas pero si muchos fantasmas de promesa que te empeñas en resucitar,
sin abrir la boca,
 sin mover un dedo.
Te son mas útiles sosteniendo el cigarro, me dices.
Creo, que te eché de menos.
Que no es de ahora, ni de hace un mes, ni seis.
Te eché de menos aquella última vez en mi portal,
cuando me juraste con la mirada que no volverías y lo sellaste con un abrazo.
Echo de menos a la sombra que nos acabó,
pero no a la luz que yo era en contrapartida y que se convirtió en charco de tanto llover sal por dentro y se hizo tormenta hasta que pudo salir el sol.
En definitiva no echo de menos a mi yo de aquellos entonces,
aunque si su ilusión por tus ausencias.
Sé que ya no eres el mismo.
Sé que ya no soy la mismas.
Las cosas ya no son iguales.
Tu presencia siempre me incitó a tirarme de cabeza hacia donde fuera.
Jodida suicida y kamikaze,
sobre todo kamikaze,
de la gran paradoja que es hacerlo sin tenerla.
Temblaba y me sentía viva.
Tenía miedo y por una vez no quería volar para huir a menos claro está que fuera contigo
y ahora, cariño,
ahora no sé por que no siento que vuelo.
El tiempo, lo sé,
que ha pasado más de la cuenta y aun así  no lo suficiente,
o es que quizás si que se nos fue la mano
y le agredimos con toda esta indiferencia, rencor y orgullo
y ganas de seguir buscando algo mejor.
Quiero verte y no.
Quiero y no quiero que desaparezcas.
Y si te imagino,
si te imagino fumando,
 siento que me elevo como el humo azul de tu cigarro
en cada calada que das,
y desde arriba me voy alejando, me voy perdiendo,
me voy difuminando,
hasta volver a encontrarme saliendo de mi boca
con cada calada mía que me robas
cuando juras que no quieres darme muerte,
pero cariño,
hasta ahora,
 sólo has sabido demostrarme lo contrario.
CelesteRegner.