jueves, 11 de enero de 2018

Estoy escuchando Berlín, de Coque Malla.

Como siempre, esto iba a empezar siendo una carta para nadie. Así que en vez de andarme por las ramas con los "queridos" o  "mamá al fin comprendí, puedes estar tranquila" o comienzos que viniendo de mi en ningún caso serían insólitos, voy directamente al grano.
Creo que por fin empiezo a entender el desamor. Eso de que no era ese estado vacío en el que me encontraba cuando a quien creía querer, finalmente se alejaba. No era algo que llegara después, sino algo que es durante.
Creo que a raíz de entender el amor de verdad, el del calorcito de los que están cerca o  el de los de las señales de humo a quienes están lejos, empiezo a entender el desamor y a la inversa.
El desamor siempre es un no.
A mi me pintó castillos en el aire con el dióxido que le quedaba de robarme el oxígeno. Tonta de mi.
Era la ausencia a la que abrazaba por las noches cuando creí quererme, cuando quise creerme querida, pero no.
Porque el desamor siempre es un no.
El desamor era el que se callaba tantas veces cuando yo necesitaba palabras para respirar, el que se hacía el interesante con sus verdades a medias, sus mentiras a secas y al que le aburría quedarse un ratito más, haciéndome sentir absurda y estúpida.
El desamor huía sin explicación y siempre tenía excusas maravillosas y mil historias preciosas que contarme por cada burbuja de ficción que me estallaba en la frente. Tonta de mi.
El desamor también promete. Por no ser vulgar os diré que promete hasta que aterriza entre dos piernecitas secas y rojas de tanta fricción inútil, de tantas caricias frías y cariño estéril y falso. A correr. Yo me mantenía.
El desamor también decía ver un futuro conmigo, hijos jugando en el desván y rutas infinitas por América Latina.
El desamor me cantó, me recitó, me escribió y me lloró. Pero a mi también me hizo llorar.
El desamor se me puso celoso y me llamó zorra con la mirada. No hizo falta escupir desprecio por la boca.
El desamor, cuando no me quiso, no me lo dijo. Sencillamente se fue. Pero en realidad nunca se fue. Porque nunca me quiso. Porque no se puede ir algo que nunca estuvo. Porque el desamor es la ausencia del amor y ahora que lo entiendo ya no me parecen tan bonitos los "y si", los "puede" y los "ojalá".
Porque el amor te coge de la mano por la calle, o no, quién sabe. Pero te abraza cuando tienes frío y te entiende cuando tienes miedo. Pregunta a tus certezas, se calla prudente ante tus dudas y te deja ser, siempre, estando.
Ahora sé lo que es el amor. Sé que lo he vivido y pienso en presente y con cariño todas las veces en las que quise y me han querido tan de verdad. Sigo queriendo de verdad. Reconozco al amor por las calles, en el  sol del invierno y en los besos con lengua. En los ojos de los padres, en las memorias de un abuelo y en las historias que siempre se contarán por navidad. Reconozco al amor en la gente que mira sincera, a pesar del miedo, al presente.
Ahora que sé lo que es el amor, me he dado cuenta del pacto tóxico, no verbal que guardaba con el desamor. Ahora que lo sé y lo entiendo creo que lo entiendo todo un poquito mejor. Aun así el desamor no se irá, porque no puede irse algo que no está.
Y el amor podrá irse, claro, pero nunca será desamor. Porque el amor que fue estuvo, pero ese que nunca es, tampoco lo fue y por tanto, tampoco lo será.


domingo, 17 de diciembre de 2017

Pa' que.

No quiero generalizar. Supone en cierta forma elevar mi opinión en relación  a un "todo"  que se escapa de mi escasa experiencia. Tampoco quiero hablar sobre mi en concreto. Conlleva reducir todo aquello que se puede conocer a las vivencias de alguien que en función de sus ideas y percepciones tampoco puede ser objetiva. ¿Quien lo es, no?
No quiero afirmar ni dar las cosas por hecho, pero soy consciente de la necesidad de plasmar  oraciones concretas, meramente seguras, sean afirmativas o negativas, para describir o explicar un hecho o una idea. Es curioso que incluso las afirmaciones negativas afirmen algo, lo contrario que las propias afirmativas. Sé que teóricamente se denominaría "negar algo", pero sigo entendiendo que en el sentido estricto de la palabra "afirmar", negar también sería afirmar algo. (¿no?).
Tengo un profesor que más que de relativimismo habla de relacionalismo, y me parece estupendo. Hace poco le pedí bibliografía feminista. Entre los artículos, estudios y libros, incluyó un texto que a mi manera de ver es puramente filosófico(una rayada, vaya) de Celia Amorós (una máquina la señora). Empieza rebatiendo a Hume. Ojalá algún día pueda llegar a entender lo que decía Hume y lo que estaban intentando rebartirle. Aún llevo poquito, he de decirlo.
Pero ahora mismo no sé si en realidad la identidad propia, el yo,  no puede provenir de ideas o percepciones de uno mismo por ser estas variables y mutables mientras que la concepción de identidad no puede serlo. O sea, que primero está mi identidad y después las percepciones e ideas que yo tengo como tal. Pero ahora entran en juego la continuidad, el hábito y la constancia como mecanismo de consecución de la memoria. Pero es que a su vez la memoria establece la base para esas ideas y percepciones. Todo ello teniendo en cuenta el papel tan importante que tiene nuestra imaginación. Entonces, ¿la imaginación también forma parte de a identidad del yo?. Entiendo que la memoria depende de la imaginación. Sólo recordamos aquello que nos impacta lo suficiente (volvemos a las ideas y percepciones) y a su vez, la imaginación aporta y llena los huecos que no alcanza la memoria.Todo muy subjetivo, ya veis. ¡Qué complejo! y ahí me he quedado.
Llevo un par de días reflexionando sobre esto y me gusta porque me aparta de alguna manera de las típicas reflexiones sin sentido sobre asuntos que ya no tienen arreglo. Supongo que se debe a que tampoco hay nada roto, aunque una parte de mi, la cual no controlo, se empeñe en sentir que si. Vaya inercia triste, de verdad.
Tengo un amigo con el que cada vez que me pregunta por mi vida amorosa, le contesto que "es complicado". Él me responde entre risas que "siempre es complicado". (Después de lo que acabo de escribir, ¿CÓMO NO?) .
Entonces se me viene a la cabeza la teoría de Morin sobre que nuestra facilidad para el conocimiento o entendimiento se debe sobre todo a la forma en la que organizamos las ideas. Tomo consciencia entonces de la incapacidad que siempre he tenido para organizarme en condiciones.
Como encendió la mecha al preguntarme, prendí y ya no pude parar de arder hasta que llegué al final de mi explicación.
Yo os juro que no me gusta complicarme, aunque en el fondo un poquito si.
La cosa es que he tardado en darme cuenta de lo bonito que es vivir al día.Digo esto siendo consciente de que podré cambiar de opinión o de que la vida puede pegar un vuelco de golpe y a la mierda.
La cosa es que los días pasan y es liberador hacer lo que  sale de dentro. Sin nombres, sin compromisos, sin ataduras. Sabiendo que lo que se hace, se hace porque se quiere.
La libertad nos da la garantía de que aquello que se hace, se hace desde las tripas.
Este chico me estuvo hablando del "control de los sentimientos". Llegamos a la conclusión de que los sentimientos no pueden controlarse. Los sentimientos, las emociones, no son racionales, sencillamente son. Y vienen de esa manera tan natural y tan pura que es precisamente el control que pretendemos ejercer sobre ellos, el que amordaza y maltrata,  lo que duele.Porque muchas veces tenemos que acudir a otros sentimientos, menos puros, más "racionales" por la manera de buscarlos en lugar de que nazcan naturalmente de nosotros, para que ayuden al señor Control.
Los sentimientos no se controlan, y pocas torturas se me ocurren más dolorosas que intentar hacerlo.
Por eso volvimos a la idea de libertad. De disfrutar de los momentos que llegan desde la tranquilidad  gracias a esos sentimientos puros que llegaron cuando tenían que llegar, o que no llegaron porque no tuvieron por qué llegar nunca.
La cosa es que no sabía exactamente sobre lo que quería escribir.Tampoco me quedo muy satisfecha después de esto.
También he recordado por qué dejé de escribir diarios. Le doy tantas vueltas a todo  quiero recoger tantas cosas, que al final me cansaba de escribir.A lo mejor volver a hacerlo es la manera de aprender a sintetizar mis pensamientos. Quién sabe.
Hacía mucho que no pasaba por aquí y bueno, eso.
No me gusta volverme teórica pero como veis, he generalizado y concretado en mi tal y como no quería.
Conclusión: Es complicado, es complicado

jueves, 21 de septiembre de 2017

Pequeña luz.

Tengo una angustia en las tripas que lleva tu nombre. Lo sé porque muerde como tú lo hacías, con unas ganas tan insaciables que temo poder desaparecer de un momento a otro. Me palpo el cuerpo. Sigo. Pero no hay ni rastro de tus dientes. No hay restos. No hay nada. Te fuiste.
Tantas veces, tantas, deseé que no llegaras para no sangrarte cuando te fueras.
Tantas veces fui consciente de la inestabilidad de tus penas y quise quedarme para hacer música en tu pecho. Tantas.
Me he bebido todas las nanas rubias que nos mecían aquellas noches entre mi tormenta y tu vendaval.
Flotaban en mi habitación tus caricias inciertas y mis besos con lengua. Resbalaban con la saliva mis ganas por tu espalda, cogiendo carrerilla antes del salto al vacío que tú eras cuando no encontrabas en mi tus razones para quedarte un rato más.
Me devoro por dentro, como si pudiera tragarme desde el ombligo tras hacerme un ovillo entre tu abandono y mi redención.
Yo era tormenta, pero a veces tú eras el rayo. Fuiste más rápido que fuerte y te fugaste con tus dudas, dándole la razón a mis miedos. Ya no te admiran tanto como a tus silencios, tan exactos.
Seguiste el camino hacia tu horizonte rosa, que quisiste editar en blanco y negro y no puedo pedirte que vuelvas, así que tampoco voy a decirte que me alegro.
Simplemente estoy, me siento.
Tus palabras desbordaron los renglones que quisiste venderme, pero fui más fuerte que rápida y me mantuve en mi blanco perfecto, disparando de lleno a mis ganas de crearte, necesarias, siempre necesarias porque nunca más estabas.  Lástima que tu quisieras otra gama de blanco para tu negro.
Ojal-a me diera igual, pero siento todo lo que siento y lloro lo que no te escribo.
Tú, vendaval, otras veces eras la lluvia de mi tormenta y sólo te dejabas caer entre mis piernas.
Quisimos ser elementos naturales, libres en toda su extensión de alma y corazón, y lo único que hicimos fue desenmascarar así nuestra irracionalidad más humana.
Tú pensando en quedarte en mi invierno mientras esperabas a tu primavera mientras a mi cada vez me resultaba más difícil encontrar motivos para no florecer entre tus malas hierbas.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Declaración de intenciones 2.0

No he vuelto a enamorarme desde ti. Sé que es injusto decirlo en voz alta, porque incluso sin que el tiempo nos premiara para ser, ya había otra mente que me robaba el sueño. A veces ocurre de nuevo, pero estoy intentando hacerme a la idea del no; es la única persona con la que me duelen las esperanzas.
Pero en esencia, no. No me he vuelto a enamorar. No me he vuelto a sentir querida, románticamente hablando, y a veces, ni siquiera valorada. 
Quizás por eso te embestía con rabia cuando descubría que besabas otros labios sin la verdad que yo buscaba en mis nuevas caricias con lengua. 
No me he vuelto a enamorar, pero me he ilusionado. Me he ilusionado mucho. A veces incluso más de lo que debí hacerlo. Tú ya sabes que a mi eso siempre me dio igual. Que prefiero sangrar por las heridas que secarme por las ausencias. 
Me estoy descubriendo muy poco a poco. Por temporadas creo que tuve razón, que hice bien en emprender el camino sola. Necesitaba necesitar para comprender qué necesito, o qué me faltaba. Olvidarme de los aditivos, sentirme natural, ligera y libre. 
Necesitaba necesitar y a la vez no necesitar nada en absoluto, no atarme a nada que me hiciese dudar ante el salto o a quien arrastrar al fondo de mis rencores. 
Muchas veces he intentado justificar mis decisiones por el dolor sin saber exactamente por qué hacía lo que hacía. Te juraría que te abre por dentro, pero qué te voy a contar. 
He estado arriba y abajo. He echado mucho de menos, muchas cosas, a veces incluso a la vez, sin que tuviera sentido, sintiéndome así hipócrita y vulgar. Era ahí cuando volvían mis impulsos de perderme sin intención de encontrarnos. 
He estado arriba y abajo. Si, mientras probaba otras bocas, otras vidas. Mientras me bebía otro sudor para tragarme después todas mis palabras. 
Al final he vivido. He vivido y tengo más cicatrices que besos en la piel, pero qué bonita me veo cuando me uno los puntos débiles y leo "experiencia". 
Cuando al fin entiendo todo lo que pierdo siempre me acuerdo de ti, y sonrío a tu ausencia porque ahora que está presente soy consciente de que ahí estaba la justicia poética de la que siempre se me llenaba la boca. Qué desperdicio de besos, amor. 
Ojalá vueles por otras bocas y amanezcas en otras camas de amor y flores. 
Ojalá viajes a cocinas de café y sexo en la encimera, que sabes que a mi eso nunca se me dio bien. 
Ojalá te quieran con la seguridad con la que yo no supe, porque ese, sólo ese es el motivo por el que sonrío a este final. Que tú nunca mereciste esta pena, pero sí todo el amor. 
Cuando quieres sin miedo y de verdad, a tu vida llegan personas de verdad y sin miedo por estar contigo. 
Cuando quieres de puntillas y con dudas, siempre acabas huyendo así. Pero las dudas, las dudas son todas tuyas. 
No he vuelto a enamorarme desde ti, ni espero hacerlo por el momento. Voy a seguir mi camino y espero tener tantas historias como cicatrices. 
Ojalá tu tengas tanto amor como luz en tu esperanza. 

Pau. 

sábado, 3 de junio de 2017

Prisión incierta.

La risa contagiosa del sol en primavera.
El rayo de luna más claro en la noche.
Rocío de cerveza en los atardeceres de tus piernas
cuando te abandonas a tu suerte en el laberinto recto
de tu propia libertad.

La piedra que salta entre las baldosas
cuando tu pie amanece despistado
y te obliga a jugar a rayuela marcando
a pasitos
la dirección que no quieres seguir pensando;
ya has pasado de largo.
Que siendo derecha o izquierda
siempre te impulsa hacia arriba,
y ya da igual que no haya oxígeno
porque tú vives del paisaje.

La miel del paseo cálido,
caminas lento.
Caricias de piel dorada,
no duermes ni en el intento,
pero sueñas.

Vueltas de azahar entre los jazmines
respiras beso.
Aire limpio se columna en tus pestañas,
toboganes inciertos.

Salta a tu boca el viento y se arropa en tus secretos,
los de canela y menta,
pero nunca más veneno.

Regresas al día lleno, ya no hay noche encerrada
y de ser vacía, el miedo
no te evade de tus ganas.

Que en tu prisión las rejas eran de ausencia y las noches
siempre vuelven a la carga.

Tu munición es la luz.

Ya eres libre. Estás preparada.

lunes, 22 de mayo de 2017

Estoy y no soy.

Me quedo con el hilo de las historias que me dejan fría para así, cuando vayan pasando, tejerme un abrigo con el recuerdo.
Me arropo con la nostalgia y amarrada al minimalismo intento ahorrarme los adornos de melancolía y tristeza. Pero a veces se me cruzan los cables y los dedos
y los consejos de quien me enseñó a aprender de los demás en lugar de desaprender lo que no necesitaba para así crecer, yo por mi, conmigo.
Sólo quiero decir que a veces me siento sola y tengo frío. Pero saco el abrigo de la experiencia, que me susurra que no todo estuvo mal. Saco el abrigo de los recuerdos y me revive la poesía amiga de los besos en la frente y los abrazos por la espalda. Me olvido de los cuchillos de indiferencia. Vuelvo a sentirme yo. Me lanzo de nuevo al frío. Sigo tejiendo la vida.

miércoles, 10 de mayo de 2017

No me hagáis mucho caso.

No os creáis eso de que el tiempo pone cada cosa en su sitio. Que no es definitivo, ni seguro ni ostias. No os creáis eso de que la vida es justa o injusta de esa forma tan tajante, que no.
No digáis "de este agua no beberé" o "este cura no es mi padre". Nunca se sabe.
Que hace tiempo que le perdí el sentido al tiempo.
 Que hace tiempo que no entiendo lo que vivo y sigo por lo que aún no sé si puedo llegar a vivir.
Que hace tiempo que asumo lo justo cuando no me conviene como si fuera un castigo y me alegro de las injusticias que me empeño en llamar suerte cuando no la merezco.
Hace tiempo que no entiendo nada cuando intento hacer las cosas bien, y cambio el camino recto por una Rayuela pintada en dirección a ninguna parte, con tizas color circunstancias que ya no importan porque nunca debieron ser una excusa, sino una consecuencia de mis propias decisiones.
Hace tiempo que le perdí la noción al tiempo, y no sé qué mierda de imán jodió aquella brújula que nunca intenté arreglar, al menos  a conciencia. Que siempre preferí perderme para probar suerte con lo que me encontraba.
Al final soy una cobarde que sólo sabe ser fiel a lo relativo.
Y a veces ni eso.
Estoy intentando hacer las paces con la incertidumbre. Me abraza con cariño, pero a veces me susurra secretos que me quitan el sueño. No lo puede evitar, ni yo tampoco.
Hace tiempo que perdí la noción y me siento segura en un "no lo sé" y ya. Por ahora eso es todo hasta nuevo aviso.