domingo, 12 de noviembre de 2017

Silvia me recomendó que escribiera un diario.

Hace días esperaba con ilusión embestir de cabeza todos esos proyectos nuevos que me saco de la manga cuando no me soporto quieta.
Te juro que ahora tengo un agujero negro en el pecho deseando tragarte.
Fíjate que ironía. Si, en mi pecho, porque siempre creeré que es tu lugar.
Barcelona me está tratando con cariño, y ahora que estoy aquí, al acordarme de los pasos que me seguían la noche que tú dejaste de hacerlo, empiezo a creer que todo esto ha sido una huida de las mías. De esas en las que tropiezo cuando nunca más son tus pies.
Qué oportunos hemos sido siempre y qué preciosas las casualidades que vienen antes, durante y después de ti.
A veces voy contando nuestra historia a desconocidos con orgullo y pienso en cuánto te enfadaría porque siempre dices  que a nadie le importa. Pero también sé que se enciende tu hielo cuando hablo de nosotros.
Anoche quisieron regalarme un cuaderno para que escribiera nuestra historia.
Es la mejor manera que se me ocurre de gritarla a los cuatro vientos.
No nos merecemos el amor que siento por nosotros.
 No voy a hacerme la víctima, sé que no lo soy. Tú tampoco.
Ahora nos entiendo, no sé. Aún así hay cosas que no puedo remediar.
Me sigo perdiendo y ojalá encontrarnos, que yo hace tiempo que me sé en mis ganas de darme de ostias con el mundo con tal de vivir.

Sé que no vas a volver casi con la misma seguridad con la que sé que nos encontraremos de nuevo. Fíjate que dilema.

Lo único que me está doliendo es no poder contarte todo lo que me está pasando mientras me muero de ganas de que lo estés viviendo conmigo.

Vuelvo a llorar mientras me río. Me parece muy puro celebrarte en mis vaivenes emocionales. A veces creo que mi ambivalencia me nace de los ojos cuando te miro.

Me contagias la vida hasta cuando no tienes ganas de vivir. Ya puedo decir con seguridad que eres el problema más bonito que he tenido en mi vida.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Pequeña luz.

Tengo una angustia en las tripas que lleva tu nombre. Lo sé porque muerde como tú lo hacías, con unas ganas tan insaciables que temo poder desaparecer de un momento a otro. Me palpo el cuerpo. Sigo. Pero no hay ni rastro de tus dientes. No hay restos. No hay nada. Te fuiste.
Tantas veces, tantas, deseé que no llegaras para no sangrarte cuando te fueras.
Tantas veces fui consciente de la inestabilidad de tus penas y quise quedarme para hacer música en tu pecho. Tantas.
Me he bebido todas las nanas rubias que nos mecían aquellas noches entre mi tormenta y tu vendaval.
Flotaban en mi habitación tus caricias inciertas y mis besos con lengua. Resbalaban con la saliva mis ganas por tu espalda, cogiendo carrerilla antes del salto al vacío que tú eras cuando no encontrabas en mi tus razones para quedarte un rato más.
Me devoro por dentro, como si pudiera tragarme desde el ombligo tras hacerme un ovillo entre tu abandono y mi redención.
Yo era tormenta, pero a veces tú eras el rayo. Fuiste más rápido que fuerte y te fugaste con tus dudas, dándole la razón a mis miedos. Ya no te admiran tanto como a tus silencios, tan exactos.
Seguiste el camino hacia tu horizonte rosa, que quisiste editar en blanco y negro y no puedo pedirte que vuelvas, así que tampoco voy a decirte que me alegro.
Simplemente estoy, me siento.
Tus palabras desbordaron los renglones que quisiste venderme, pero fui más fuerte que rápida y me mantuve en mi blanco perfecto, disparando de lleno a mis ganas de crearte, necesarias, siempre necesarias porque nunca más estabas.  Lástima que tu quisieras otra gama de blanco para tu negro.
Ojal-a me diera igual, pero siento todo lo que siento y lloro lo que no te escribo.
Tú, vendaval, otras veces eras la lluvia de mi tormenta y sólo te dejabas caer entre mis piernas.
Quisimos ser elementos naturales, libres en toda su extensión de alma y corazón, y lo único que hicimos fue desenmascarar así nuestra irracionalidad más humana.
Tú pensando en quedarte en mi invierno mientras esperabas a tu primavera mientras a mi cada vez me resultaba más difícil encontrar motivos para no florecer entre tus malas hierbas.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Declaración de intenciones 2.0

No he vuelto a enamorarme desde ti. Sé que es injusto decirlo en voz alta, porque incluso sin que el tiempo nos premiara para ser, ya había otra mente que me robaba el sueño. A veces ocurre de nuevo, pero estoy intentando hacerme a la idea del no; es la única persona con la que me duelen las esperanzas.
Pero en esencia, no. No me he vuelto a enamorar. No me he vuelto a sentir querida, románticamente hablando, y a veces, ni siquiera valorada. 
Quizás por eso te embestía con rabia cuando descubría que besabas otros labios sin la verdad que yo buscaba en mis nuevas caricias con lengua. 
No me he vuelto a enamorar, pero me he ilusionado. Me he ilusionado mucho. A veces incluso más de lo que debí hacerlo. Tú ya sabes que a mi eso siempre me dio igual. Que prefiero sangrar por las heridas que secarme por las ausencias. 
Me estoy descubriendo muy poco a poco. Por temporadas creo que tuve razón, que hice bien en emprender el camino sola. Necesitaba necesitar para comprender qué necesito, o qué me faltaba. Olvidarme de los aditivos, sentirme natural, ligera y libre. 
Necesitaba necesitar y a la vez no necesitar nada en absoluto, no atarme a nada que me hiciese dudar ante el salto o a quien arrastrar al fondo de mis rencores. 
Muchas veces he intentado justificar mis decisiones por el dolor sin saber exactamente por qué hacía lo que hacía. Te juraría que te abre por dentro, pero qué te voy a contar. 
He estado arriba y abajo. He echado mucho de menos, muchas cosas, a veces incluso a la vez, sin que tuviera sentido, sintiéndome así hipócrita y vulgar. Era ahí cuando volvían mis impulsos de perderme sin intención de encontrarnos. 
He estado arriba y abajo. Si, mientras probaba otras bocas, otras vidas. Mientras me bebía otro sudor para tragarme después todas mis palabras. 
Al final he vivido. He vivido y tengo más cicatrices que besos en la piel, pero qué bonita me veo cuando me uno los puntos débiles y leo "experiencia". 
Cuando al fin entiendo todo lo que pierdo siempre me acuerdo de ti, y sonrío a tu ausencia porque ahora que está presente soy consciente de que ahí estaba la justicia poética de la que siempre se me llenaba la boca. Qué desperdicio de besos, amor. 
Ojalá vueles por otras bocas y amanezcas en otras camas de amor y flores. 
Ojalá viajes a cocinas de café y sexo en la encimera, que sabes que a mi eso nunca se me dio bien. 
Ojalá te quieran con la seguridad con la que yo no supe, porque ese, sólo ese es el motivo por el que sonrío a este final. Que tú nunca mereciste esta pena, pero sí todo el amor. 
Cuando quieres sin miedo y de verdad, a tu vida llegan personas de verdad y sin miedo por estar contigo. 
Cuando quieres de puntillas y con dudas, siempre acabas huyendo así. Pero las dudas, las dudas son todas tuyas. 
No he vuelto a enamorarme desde ti, ni espero hacerlo por el momento. Voy a seguir mi camino y espero tener tantas historias como cicatrices. 
Ojalá tu tengas tanto amor como luz en tu esperanza. 

Pau. 

sábado, 3 de junio de 2017

Prisión incierta.

La risa contagiosa del sol en primavera.
El rayo de luna más claro en la noche.
Rocío de cerveza en los atardeceres de tus piernas
cuando te abandonas a tu suerte en el laberinto recto
de tu propia libertad.

La piedra que salta entre las baldosas
cuando tu pie amanece despistado
y te obliga a jugar a rayuela marcando
a pasitos
la dirección que no quieres seguir pensando;
ya has pasado de largo.
Que siendo derecha o izquierda
siempre te impulsa hacia arriba,
y ya da igual que no haya oxígeno
porque tú vives del paisaje.

La miel del paseo cálido,
caminas lento.
Caricias de piel dorada,
no duermes ni en el intento,
pero sueñas.

Vueltas de azahar entre los jazmines
respiras beso.
Aire limpio se columna en tus pestañas,
toboganes inciertos.

Salta a tu boca el viento y se arropa en tus secretos,
los de canela y menta,
pero nunca más veneno.

Regresas al día lleno, ya no hay noche encerrada
y de ser vacía, el miedo
no te evade de tus ganas.

Que en tu prisión las rejas eran de ausencia y las noches
siempre vuelven a la carga.

Tu munición es la luz.

Ya eres libre. Estás preparada.

lunes, 22 de mayo de 2017

Estoy y no soy.

Me quedo con el hilo de las historias que me dejan fría para así, cuando vayan pasando, tejerme un abrigo con el recuerdo.
Me arropo con la nostalgia y amarrada al minimalismo intento ahorrarme los adornos de melancolía y tristeza. Pero a veces se me cruzan los cables y los dedos
y los consejos de quien me enseñó a aprender de los demás en lugar de desaprender lo que no necesitaba para así crecer, yo por mi, conmigo.
Sólo quiero decir que a veces me siento sola y tengo frío. Pero saco el abrigo de la experiencia, que me susurra que no todo estuvo mal. Saco el abrigo de los recuerdos y me revive la poesía amiga de los besos en la frente y los abrazos por la espalda. Me olvido de los cuchillos de indiferencia. Vuelvo a sentirme yo. Me lanzo de nuevo al frío. Sigo tejiendo la vida.

miércoles, 10 de mayo de 2017

No me hagáis mucho caso.

No os creáis eso de que el tiempo pone cada cosa en su sitio. Que no es definitivo, ni seguro ni ostias. No os creáis eso de que la vida es justa o injusta de esa forma tan tajante, que no.
No digáis "de este agua no beberé" o "este cura no es mi padre". Nunca se sabe.
Que hace tiempo que le perdí el sentido al tiempo.
 Que hace tiempo que no entiendo lo que vivo y sigo por lo que aún no sé si puedo llegar a vivir.
Que hace tiempo que asumo lo justo cuando no me conviene como si fuera un castigo y me alegro de las injusticias que me empeño en llamar suerte cuando no la merezco.
Hace tiempo que no entiendo nada cuando intento hacer las cosas bien, y cambio el camino recto por una Rayuela pintada en dirección a ninguna parte, con tizas color circunstancias que ya no importan porque nunca debieron ser una excusa, sino una consecuencia de mis propias decisiones.
Hace tiempo que le perdí la noción al tiempo, y no sé qué mierda de imán jodió aquella brújula que nunca intenté arreglar, al menos  a conciencia. Que siempre preferí perderme para probar suerte con lo que me encontraba.
Al final soy una cobarde que sólo sabe ser fiel a lo relativo.
Y a veces ni eso.
Estoy intentando hacer las paces con la incertidumbre. Me abraza con cariño, pero a veces me susurra secretos que me quitan el sueño. No lo puede evitar, ni yo tampoco.
Hace tiempo que perdí la noción y me siento segura en un "no lo sé" y ya. Por ahora eso es todo hasta nuevo aviso.

martes, 18 de abril de 2017

Aves de paso.

He abierto el pecho de par en par
 y han salido todos los fantasmas de promesa,
 el polvo de mi cabeza
 y las ganitas de llorar.

Ha volado todo con la brisa de la palabras que acabé por escribirte.
 Que he acabado por leerte,
 porque era obvio que me perdería hasta en el sinsentido de las letras
 con tal de encontrarte en la ingenuidad de mis palabras.

He abierto el pecho de par en par
 y lo que en principio ha depurado este cuerpo,
 ha acabado por vaciarlo.

Chantajes literarios, en sentido emocional.
En el libro abierto por las páginas en blanco ya no sé quién resultó ser ave de paso.
Sólo sé que a cambio de mis espinas me has devuelto una herida de la que no querías ser disparo,
y me lo has dado de lleno en el centro de gravedad,
escondido de nuevo en la ajenidad en la que me empeño en encerrarme.
Y mentimos. Porque nunca fue tu intención.

Me siento ridícula
Como cuando desnuda me cuento las cicatrices cuando no hay quien quiera seguir contándome los lunares.

Me siento ridícula  porque era obvio que el amor siempre gana
Y tú y yo estábamos destinados a perder desde que tu historia y la mía seguían la misma dirección por caminos separados.
El agua vuelve al agua,
y este río de circunstancias no sabe  por donde correr.
Le cedo mis ojos.

Me siento ridícula y quiero irme.
 Pero me frena el inconfundible sabor a despedida.

Recuerdo las palabras cercanas de quién me dijo una vez que aprender a despedirse es crecer.
Y me siento tan pequeñita que me he visto en la necesidad de acariciarte el pelo hasta que no hemos podido más.

"Tenías que ir tirando".

Te has marchado.

Me he lanzado al sofá verde de cabeza; ese que no volverá a ser nunca tan acogedor como tus ojos aquella tarde de enero.

"El amor siempre gana" me he dicho. Y he sonreído, tranquila,
al volver a sentirme ajena.

He respirado empatía con sabor a rosas.
 Estoy conforme.

Encima de mi mesa, frente al sofá he encontrado una nota mía.
Se ha escapado de tu rojo favorito.
Rezaba: "Hay veces en las que me tiembla la vida y no sé dónde agarrarme".
El amor siempre gana.
Y me he echado a temblar.
-CelesteRegner