martes, 14 de marzo de 2017

Le vi triste.

"Hay días que van a la nada", y ni siquiera cabe preguntarse si es que  habían salido de algún sitio.
Hay días que van a la nada y te sumergen en la triste paradoja de sentirte lleno de vacío.
Y te das cuenta de que precisamente eso era lo que querías evitar y ni queriendo has podido. También cuestionas ese "querer", porque siempre te lo cuestionas todo. Más en noches como ésta, en las que prefieres sentirte lleno de nada que vacío del todo.
Te pones a escribir. Sé que lo haces. Porque si. Porque sabes que hay algo que no está bien y que, aunque podrías reconocerlo, no sabes definirlo. Ya lo decía Piglia, escribir es más necesidad y hábito que intención.
Hay días que van tan a la nada que te entran ganas de reír por lo absurdo que supone que ya no tenga mucho remedio. Me explico. Estás escribiendo desde el final de las horas. Dedicas las últimas a esto. No sé aún sin con la esperanza de encontrarte en el reflejo de todo ese desorden de palabras en tu cabeza, expresado a través de las letras que torpemente vas rogándole al cansancio.
Creo que te va a funcionar. Vas a poder tachar esto de tu lista de "cosas que hacer": Encontrar el sentido para empezar el día siguiente.
Tú, tú, siempre eres tú.

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