sábado, 21 de mayo de 2016

Gardenia y Jazmín.

Cuando estoy tumbada en mi cama, en la tarde temprana, con la ventana abierta en mitad de un caluroso día de mayo y los rayos del sol templan mis pensamientos, yo te quiero. 
Es algo que ya esperaba saber pero que en ese momento sé por completo. No sabría explicar cómo ni por qué. Yo simplemente te quiero. Te quiero y puedo saberlo y reconocerlo. 
La mañana había sido agotadora. Hay días en los que te levantas sabiendo que te va a costar un riñón comerte el mundo. Por eso te quedas diez minutos más remoloneando en la cama, para hacer hambre. 
"El calor va a devorarte hasta los sudores, sal a correr ya", "piensa en un vientre plano, joder", "con lo bien que te sienta hacer ejercicio al ánimo, capulla, levanta". Y poco más. Manzana al canto, té verde y 45 minutos de cardio mañanero hacen falta para ver el día de estudio con otros ojos. Lejos de todo el agobio que comporta sentirte postrada a una silla, sintiendo como el cuerpo se te pone blandito de mover mucho la mandíbula en lugar del culo, pero ya está. 
Mis grandes cambios siempre han ido acompañados de una mejora física. Llamémoslo si queréis mayor seguridad en una misma, o no. Como sé con certeza que sólo con mi personalidad no llego ni a la vuelta de la esquina, necesito un cuerpo más bonito para poder inflarlo de valor después, que antes es demasiado difícil. O puede que todos esos estudios relacionados con el deporte tengan razón y se liberen tensiones. 
Vivo tensa. Y cuando no lo hago me siento mal por estar demasiado tranquila. "En algún momento viene el golpe, espera y verás pequeña". 
Es jodido. Mayormente porque lo que parece una herida abierta podría haber sido sólo un rasguño si no me hubiera dado por salir corriendo del susto y haberme puesto a llorar como una energúmena. Si, creo que esta metáforma me define muy muy bien. 
El caso, que es una mierda cuando crees que sólo te has tropezado y sigues sentada en el suelo, como también lo es coger impulso pensando que vas a levantarte y te vuelves a caer de culo. Pero no sé, quizás mi solitario culo necesitaba un descanso de tanto andar a trompicones. Quién sabe. 
Y ahí me veo, sentada en el suelo mirando a todas partes, dando vueltas todo a mi alrededor. Yo quieta. Dejándome levantar y volviéndome a caer porque no sólo hacen falta tres manos amigas. Y encima le echo la  culpa a las manos porque son pocas, en lugar de decirme a mi  misma que lo que necesito es equlibrio, y que la pesa que falta es la mía.
Y ahí me veo. Sentada en el suelo hasta que me da por levantarme para salir a correr. Pero esta vez no hablo de huir, lo prometo. También os permito no creerme, aunque me gustaría que lo hiciérais. 

A las 9 de la mañana el sol pica. Pero la brisa con olor a salitre calma cualquier inquietud. Cierro los ojos y por un momento creo que puedo oler el sol, saborear el calor, acariciar la brisa. Me encanta ver a los ancianos madrugando para su paseo, tomando café, leyendo el periódico, hablando de qué barato era todo hace unos años, sintiendo nostalgia de un pasado incierto, que no futuro, aunque también. 

Hay una cuesta mortal por la que se llega a un mirador que me encanta, a pesar de estar lleno de escombros, compresas y jeringuillas usadas (no están muy a la vista, solo los privilegiados exploradores de explanadas visiblemente perdidas tienen ocasión de descubrir semejantes tesoros). Llega un punto en el que siento que los gemelos me van a explotar y acelero el paso para llegar antes, estirar y poder emprender la carrera ya cuesta abajo. Eso si que es gloria bendita. En ese momento todo parece encajar, como cuando follas con la persona a la que quieres, o quieres a la persona con la que estás follando.
 Voy adelantando a la gente que se cruza, la música suena muy alto en mis oídos y sólo me apetece acelerar y acelerar y acelerar. Es una maravilla. La libertad de sentirte parte del aire que va a yo no sé cuantos kilómetros hora, o de brillar como el sol, sudar como el calor, sentirte agua fresca en la sombra, risa en un niño y pique con otros corredores. La libertad de sentirte parte de algo con lo que no se estaba conectado de antemano. la libertad de sentirte libre mientras formas parte de algo. Y sentir ese algo. 

He llegado felizmente cansada. Hacía bastante que no utilizaba esa frase. Me gusta. Me gusta casi tanto como la fruta fresquita del desayuno o la leche de soja con cacao. Me gusta. 

Llegados a este punto podría hablar de los desengaños. De como el querer estar bien con alguien a quien adoramos a pesar de que nos suelta bombas en la cara, hace que seamos nosotros mismos los que le miremos a los ojos como diciendo: "oye, espera, que antes de que sigas hablando voy coger esta venda negra que tengo aquí en mis bolsillos para estos casos y me la voy a poner en los ojos. Ea, ya, ya está, ya puedes seguir hablando" . Adorar es una palabra demasiado fuerte eh. En fin, que no me quiero parar a hablar de los desengaños. Forma parte de mi cambio de/por hoy. 

Después de dos horas de estudio rápido pero, espero, efectivo y de una comida maravillosa me he tumbado en mi cama. He recorrido las cuatro paredes de mi querido santuario y poco a poco, a medida que el sol iba viajando por los recuerdos colgados y mi respiración se iba haciendo más y más profunda me he quedado dormida. 
He soñado con que mamá y yo discutíamos en el salón de nuestra antigua casa.  He creído abrir los ojos a las 7 de la tarde, pero cuando he despertado de verdad sólo eran las cinco y media, así que supongo que sólo ha sido un sueño. 
La vela gigante que hay encima de mi estantería está preciosa cuando el sol la mira, y la maceta que está a su lado hace una pareja maravillosa con ella. 
Me han despertado las caricias de las cortinas empujadas por la brisa que entraba por la ventana. Me han despertado unas caricias, y en medio de la belleza y la tranquilidad de mi habitación me he acordado de ti y de como suelo quedarme dormida en tus brazos cuando también me haces cosquillas, me das la mano para que intente levantarme del suelo, y tampoco quiero pensar demasiado en los desengaños porque vuelvo a creer en el cambio. Porque tú formas parte de mi cambio. 
Sólo escribía para decir esto. Ha sido un día tranquilo. En medio de esa tranquilidad pienso en la cara que tienes que poner cuando me velas el sueño y en los gestos sigilosos que concibes para poder tumbarte a mi lado sin despertarme. 
He pensado en ti segura de que te quiero como pocas veces he estado segura de algo. Porque estás aunque no estés. Y es que al final se trata de eso, de quien te lucha sin armas, te gana con hechos y no te abandona a pesar de las posibles derrotas. 
Cuando estoy tumbada en mi cama, en la tarde temprana, con la ventana abierta en mitad de un caluroso día de mayo y los rayos del sol templan mis pensamientos también encuentro cómos y porqués.