lunes, 15 de junio de 2015

No pensaba escribir nunca más sobre/a nadie en concreto. Siempre con la sensación y la certeza de que no sé escribir más que al amor, o a un intento del mismo más bien. Siempre con la sensación y la certeza de que escribo sobre algo que no deja de ser un intento. Algo que no se consuma. Que no permanece.
Y que tonta. Y que ilusa. Como si el amor fuera acaso algo distinto.
Pero me apena lo que hago de él cuando le escribo, como si lo degradara, ya sabéis. Espero que podáis entenderme.
No puedo evitarlo.
He borrado todas las entradas de este blog en parte por eso. No por vergüenza, sino por cansancio. Por verme siempre escribiendo letras que terminarán por olvidarse por no ser importantes para nadie en concreto, es decir, para sus destinatarios.
Y nada más. Creo que esto es una especie de justificación para mi, porque voy a seguir haciéndolo. Es como una de cal y una de arena. La arena de las palabras me llena el vacío y la cal de su escasa importancia me quema. Y así estamos. Y así seguimos.


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