sábado, 1 de febrero de 2014

Es curioso el destino. Llama la atención cómo aquello que ni podíamos imaginar que fuese ocurrir lo haga.
Recuerdo la primera vez que escuché "Cartas desde el círculo polar" de Carmen Boza, y la incomprensión pero las ganas de tener a alguien por quien cantarla. Cartas desde el desamor podría llamarse, y por aquellos entonces podía hacerlo sin problemas, porque no lo conocía. Al amor propiamente dicho me refiero. La cuestión es que pasa el tiempo y ocurre. Todo llega, aunque quizás no como esperábamos.
El destino, si es que existe, puede que sea lo más caprichoso con lo que podamos encontrarnos, como los besos. Siempre he creído que lo son. Amor en forma de beso o capricho en forma de beso. Deseo en forma de beso y odio en forma de beso, y rabia y placer, y dolor y tristeza. Todos los sentimientos encontrados en forma de beso, y qué bonito parece todo de repente. Lo más irónico es que el beso más bonito es el que no se planea, como todas las cosas, quizás.
Recuerdo también que siempre quise besos bajo la lluvia y que ya no quiero más. Que hay acciones que llevan  nombres de personas incrustados, y que es imposible que sea lo mismo si ésta cambia.
Creo que estoy dejando de escribir al pasado para escribir lo que éste produce en mi en el presente. Para empezar no sé si esto supone un cambio, y para continuar si en el caso de que lo fuera sería para bien o para mal. El caso es que sea lo que sea me impulsa a escribir, y ya sólo por eso merece la pena, aunque escriba mierda. Siempre he pensado que todo aquello que te lleva a expresar tus sentimientos tiene que ser bueno en alguna medida. En fin, se llevó las ideas pero no las ganas de escribir, y ahora, solo quedan eso, letras. Ya ni siquiera palabras.

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